Depresión: Un drama silencioso


 Foto: lamenteesmaravillosa.com

Millones de personas sufren de un problema que es real y que, lamentablemente, no se aborda como debería.


Todos en algún momento hemos escuchado la palabra ‘depresión’. En uno u otro contexto, a diarios e escucha de un padecimiento que aumenta y ataca silenciosamente a millones de personas alrededor del mundo pero, ¿Qué es la depresión?

La RAE define depresión como:
Del lat. depressio, -ōnis.
1. f. Acción y efecto de deprimir o deprimirse.
2. f. En un terreno u otra superficie, concavidad de alguna extensión.
3. f. Período de baja actividad económica general, caracterizado por desempleo masivo, deflación, decreciente uso de recursos y bajo nivel de inversiones.
4. f. Psicol. y Psiquiatr. Síndrome caracterizado por una tristeza profunda y por la inhibición de las funciones psíquicas, a veces con trastornos neurovegetativos.

El numero 4 es la definición que, personalmente, me lleva a escribir esta entrada. No soy psicólogo ni mucho menos psiquiatra, pero como persona no puedo ser indiferente a un problema que aumenta exponencialmente.

En los últimos días por todos es bien conocido el trágico final del cantante de Linkin Park, Chester Bennington, cuando tomó la decisión de terminar sus días el 20 de julio de 2017. Al margen de juzgar o señalar, nos detenemos un momento en el porqué, ya que Bennington en múltiples oportunidades había hablado de depresión que, sumado a factores como adiciones detonaron una situación que hoy sella un desenlace fatal.

Chester Bennington hace visible un problema real que ataca a millones en el mundo y que conlleva a elecciones como el suicidio, práctica que en Colombia ha tenido un aumento según registros de Medicina Legal y que son registrados en este informe de BLU Radio.

Chester en sus manos tenía éxito, dinero, una familia, una banda reconocida y seguidores a raudales que estaban ahí, presentes, pero con todo ello la depresión fue más grande más allá que tenía todos los medios de combatir el problema pero perdió la batalla, esa misma batalla que pierden muchas personas a diario, de las cuales no sabemos nada al no tener una plataforma mediática pero que en silencio sufren un padecimiento que día a día aumenta de forma preocupante.

Vacíos, falta de apoyo, soledad, amor, fracasos… podríamos seguir enumerando razones, pero lo cierto es que la depresión toma más y más campo. Es un problema de salud mental que debemos dejar de ignorar. Es bien conocido que nuestro sistema de salud, débil y sin un alcance sólido, no tiene programas sólidos para enfrentar padecimientos mentales, pero no quiero abocar estas líneas a ello (saldrían 3 escritos y no acabamos), ya que el fin es ‘humanizar’, si el termino lo permite, un problema invisible donde todos, sí todos, podemos ser agentes de cambio.

Todos tenemos problemas, derrotas y caídas, esa es la vida y son ellas las que nos ayudan a mejorar, pero así como todos entendemos eso, también debemos entender que cada persona es un mundo  que no todos asumimos una caída de la misma forma. Quizás ese problema que a usted lo preocupa 10 minutos, a otra persona la sume en un dolor de días y ese es el primer paso para empezar ese cambio donde se puede atacar la depresión como sociedad: empatía. Cuando entendamos que cada uno asimila, vive y siente diferente a nosotros todo será más sencillo.

Comprendiendo una realidad ajena a la nuestra, podemos ayudar a otros en muchos campos, incluido el emocional. Cuando usted entiende y respeta esa realidad ajena, puede brindar apoyo y (ojo, no me refiero como diríamos popularmente a “echarse los problemas encima”) ayudar a alguien.

En nuestro entorno personal, familiar o laboral siempre tendremos la oportunidad de ver a alguien con el humor bajo y ahí es donde usted o yo podemos ayudar. Un abrazo, una palabra o simplemente escuchar a una persona será de mucha ayuda porque esas válvulas de escape ‘liberan’ las pesadas cargas de la depresión. Motive, aliente y haga que la persona se sienta mejor; Nunca desestime cuando alguien esté mal, porque muchas veces estos padecimientos son silenciosos. Llene de afecto a la persona que está triste y, créame, eso ayuda.

Si conoce de alguien que está en una situación difícil y siente que usted ya no puede hacer más, pesar en opciones como psicología o psiquiatría son alternativas viables. Quitemos de la mente ese paradigma insulso donde se piensa que la persona que asiste a un psicólogo o a un psiquiatra está loco, ¡no es cierto!. Esos profesionales pueden dar soporte a cuadros depresivos para que sean solucionados y la persona se sienta mejor.

Un consejo, una palabra, un abrazo o el acompañamiento hacen la diferencia. La depresión es un mal que ataca en silencio pero todos podemos ayudar a personas que se consumen en un vacío peligroso. Si ve a alguien mal, ayúdelo. Pinte sonrisas y borre los momentos oscuros, eso siempre hará la diferencia.

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